Esmaltes minerales

Nuestras esmaltes son tan únicos como las piezas que completan. En la alfarería de Taizé, se mezclan a mano con materias primas minerales naturales. Sin aditivos químicos, sin plástico, sin compromisos.

Cada esmalte es apto para alimentos, resistente al lavavajillas y al calor. Debido a su composición mineral, cada esmalte reacciona de manera ligeramente diferente en el horno: a veces con delicados degradados de color, otras con pequeñas estructuras cristalinas o profundidades mate. Así se crean superficies vivas que le dan carácter a cada pieza y hacen visible su origen artesanal.

Las recetas de los esmaltes minerales provienen del propio monasterio y hasta hoy se siguen desarrollando, perfeccionando y transmitiendo.

Bosque de Bresse

Un blanco silencioso con historia.

Inspirado en los antiguos arbustos de la llanura de Bresse, este esmalte brillante lleva el nombre de un paisaje que siempre ha sido parte de nuestro entorno. Antiguamente, su delicado blanco se obtenía con la ceniza de maderas regionales. Hoy extraemos el tono de minerales naturales: dióxido de titanio le da su fina luminosidad, mientras que el carbonato de calcio hace que la superficie brille suavemente.

Así, el recuerdo de una antigua técnica continúa vivo en una forma moderna. Atemporal, sencillo y de elegante discreción.

Gris Plateado

Un suave brillo de humo y piedra.

Este esmalte lleva consigo el recuerdo de la artesanía. Surgió originalmente de los finos restos de una carpintería en el vecindario, entrelazando la madera de trabajos pasados con el fuego del horno y dejando en la arcilla un toque gris plateado.

Hoy su delicado brillo se crea mediante una combinación equilibrada de minerales naturales: talco, carbonato de calcio y fosfatos le otorgan a la superficie su carácter suave: frío como la piedra, vivo como la ceniza, con el sutil brillo del tiempo.

Amarillo

El suave amarillo de los campos maduros de trigo.

Desde tiempos antiguos, este esmalte se fabricaba con la rica tierra y los tesoros minerales de nuestro entorno.

Hoy, el dióxido de titanio garantiza un brillo radiante, mientras que el talco y el caolín forman la superficie aterciopelada y mate. Así, los minerales se combinan en un esmalte que recuerda tanto al sol como a la tierra.

Gousseau

Un toque de luz, capturado en el barro.

Los bosques de Gousseau, a apenas un suspiro de nuestro taller, fueron en su día la fuente de este esmalte. De la ceniza de hojas caídas y sus finos tallos surgió un esmalte que olía a sol: cálido, suave y amarillo como la luz del final del verano.

Hoy es una fina huella de óxido de hierro la que lleva este tono. Rodeado de talco, carbonato de calcio y fosfatos, se despliega suavemente en la superficie un amarillo discreto, que no habla, sino que brilla.

Avellana

Un tono cálido de tierra con un origen a nuez.

Antes, era la fina ceniza de cáscaras de avellanas tostadas la que le daba a este esmalte su tono único. El fuego extraía de la cáscara lo que la tierra le había regalado y dejaba un color que recuerda al bosque, al otoño y a las nueces.

Hoy, una sutil pista de óxido de hierro resalta esta profundidad. Talco y carbonato de calcio forman un tono cálido marrón nuez que recuerda a la madera tostada: suave, terrenal y lleno de calma interior.

Rojo Kaki

Un rojo brillante como el de mineral y hierro combinados.

Este esmalte lleva consigo la herencia de la tierra. Formado a partir de minerales naturales, desarrolla su color característico a altas temperaturas: un intenso rojo hierro, atravesado por finas tonalidades que recuerdan a tierra agrietada y capas de roca incandescente.

Como en la mina de Erzberg en Estiria, el metal en el interior revela su belleza solo en el fuego. La oxidación crea un brillo suave que da vida a la superficie. Red Kaki es arcaico y noble a la vez. Un tono tan poderoso como sereno.

Azul

Un azul brillante como sombras sobre el agua.

En tiempos pasados, la ceniza para este esmalte provenía de los bosques de la Bresse. Allí, donde el fuego encontraba las hojas y la brasa consumía la madera, se formaba un polvo fino enriquecido con un toque de cobalto, que le daba profundidad al azul.

Hoy, el óxido de cobalto mantiene este color: penetra el esmalte con una oscuridad luminosa que brilla a la luz como agua tranquila entre los árboles. Los fosfatos y el carbonato de calcio le otorgan una superficie sedosa: clara, fresca y de intensidad constante.

Azul mate

Un azul medianoche mate sobre arcilla.

Al igual que su contraparte brillante, este esmalte también proviene del recuerdo de los bosques de la Bresse. Antes enriquecido con ceniza y cobalto, profundo azul y terroso a la vez.

Hoy el enfoque está en el color mismo: óxido de cobalto penetra el esmalte con una profundidad aterciopelada, pero sin reflejos. La luz se hunde en su superficie, tranquila y serena, como la niebla sobre un paisaje silencioso.

Omnia

Un brillo como el musgo con un toque de bronce.

Este esmalte es un juego de profundidad y luz: ni completamente verde ni totalmente metálico, sino algo intermedio. Una composición cuidadosamente equilibrada de óxidos metálicos nobles le otorga ese tono bronce brillante que recuerda a hojas húmedas, musgo oscuro y agua tranquila.

Su superficie está viva. A veces mate, a veces brillante, con juegos de color que cambian según la luz. Omnia es el esmalte más misterioso, como una mirada a algo antiguo que se muestra siempre renovado.

Temmoku

Un brillo oscuro con una profundidad milenaria.

Este esmalte sigue una antigua tradición: su origen se remonta a más de mil años en la cerámica china. El hierro era entonces, como ahora, su elemento central. En el fuego despliega toda su fuerza y sumerge la superficie en un resplandor marrón rojizo profundo, casi negro en la sombra, cálido y brillante a la luz.

Hoy, el óxido de hierro le da al esmalte su característica profundidad. El calor del horno hace que el metal se oxide, creando ese brillante bronce de hierro.

Así se ven nuestros esmaltes en el plato terminado:

Más información

El proceso de producción

En nuestro taller, cada paso se realiza cuidadosamente a mano, desde la mezcla de la arcilla hasta la última cocción del esmalte. La arcilla se produce, moldea y seca en el propio monasterio antes de cocerse a más de 1000 °C. Cada esmalte también se mezcla, aplica y cuece por segunda vez en el lugar, a temperaturas de hasta 1200 °C. Así se crea la cerámica de gres, que permanece hermosa por mucho tiempo y posee una profundidad palpable.

Descubre más sobre la producción

Nuestros esmaltes

Nuestras esmaltes están hechos de minerales naturales y se desarrollan y fabrican directamente en el monasterio. Reflejan el entorno y la tranquilidad de Taizé.

Hay diez esmaltes diferentes, cada uno con su propio mundo de colores, superficie y ambiente: Bleu, Bleu mate, Gris Argenté, Bois de Bresse, Gousseau, Jaune, Noisette, Omnia, Red Kaki y Temokku. Ninguna pieza es exactamente igual a otra, y eso es lo que las hace tan vivas.

Descubre más sobre nuestros esmaltes minerales

Sostenibilidad

Trabajamos exclusivamente con materias primas naturales. Nuestra cerámica es duradera, atemporal y se fabrica para que pueda usarse durante muchos años. También prestamos atención a soluciones respetuosas con el medio ambiente en el embalaje y el envío. Creemos que la sostenibilidad comienza con el material y termina con un uso consciente.

Descubre más sobre nuestra sostenibilidad y valores

Historia detrás de La Poterie de Taizé

La cerámica de Taizé tiene sus raíces en una historia especial: en la comunidad de los hermanos de Taizé, la alfarería fue durante décadas parte de una vida sencilla y consciente, y un símbolo silencioso de conexión con la naturaleza. Cuando la pandemia detuvo la vida local, surgió una nueva idea: llevar la cerámica de Taizé desde Salzburgo al mundo. Así nació nuestra marca en 2021, para unir la artesanía tradicional con nuevos caminos. Hoy, con cada pieza, transmitimos los valores que nos han formado: sostenibilidad, sentido y verdadera artesanía.

Más sobre nuestra historia

Nuestro equipo

Detrás de cada producto de La Poterie de Taizé hay personas con una convicción común: que las cosas de valor requieren tiempo, dedicación y atención. Ya sea en el taller de Taizé, en el almacén de Salzburgo o en nuestra tienda en Viena: trabajamos a pequeña escala para algo grande. Y lo hacemos como un equipo pequeño, pero coherente.
Conocer al equipo

Comunidad de Taizé

La Communauté de Taizé es una fraternidad ecuménica internacional en el sur de Borgoña, fundada en 1940 por el Hermano Roger como un lugar de paz, silencio y reconciliación. Hoy en día, hermanos de diferentes confesiones viven juntos allí, unidos por la oración, la sencillez y el servicio al prójimo. Su espiritualidad no se muestra en palabras, sino en la confianza vivida, incluso en el trabajo artesanal silencioso con arcilla.
Más sobre la Communauté